El 30 S

Publicado octubre 4, 2010 por Juan Diego Rey
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una pared cercana al Hospital MetropolitanoNo hace falta abundar en los detalles. De eso se han encargado muy mal los medios de comunicación.  El 30 de septiembre, para mí, no es un día de golpe de Estado, ni de sublevación, ni de ruptura de orden, ni de nada. Es un día de terror.

Vivimos en el tranquilo barrio de La Granja en Quito. Nunca pasa nada. Los pájaros de tanto árbol que hay por aquí te despiertan en un idilio digno de música New Age. El tema de la seguridad está un poco mejor que antes, aunque nunca faltan los asaltos y quienes le echan la culpa a la pobreza y no a la falta de valores. Pero el 30 de septiembre, a pocas calles de nuestro tranquilo “parque con casas”, se vivieron minutos de angustia, dolor e indignación. Minutos de terror.

Hay tres posiciones muy claras sobre los hechos del 30 de septiembre: una, victimiza al Presidente de la República y luego lo enzalza como un “varón” con medio kilo de huevos. Le hace ver como un pobre ser que, con su rodilla metálica a cuestas, fue a conversar con los policías sublevados para llegar a un acuerdo y al ver su negativa, dio muestras de valentía y hombría plantándoseles y exponiendo hasta su vida por el bien común. Esta postura me resulta ridícula.

La otra, hace ver a los policías como héroes populares que se levantaron con razón para impedir un atropello más del Presidente y sus esbirros en el legislativo a los derechos de la clase trabajadora de este país. Esta postura me resulta ridícula.

Mi análisis es el tercero, menos popular pero también seguido por otros es que la estupidez se tomó el país de ambos lados. Es inadmisible que quienes están llamados a guardar el orden, a “servir y proteger” hayan dejado desamparado al país. Asimismo, es inadmisible e imperdonable que se haya querido sacar provecho de una huelga para convertirla en un filón de piedras preciosas en forma de popularidad, adhesiones y votos, en último término. La pregunta del día era “‘por qué”, seguida del “para qué”. Las siguientes eran “qué hubiera pasado si el Presidente no iba al Regimiento”. Hoy hay muchas más.

Hoy, la sensación de abandono y desamparo es más fuerte y dolorosa que nunca. Si antes la entidad policial me merecía un concepto degradado, hoy simplemente siento desprecio por quienes dicen cuidarme y por tres pesos son capaces de dejar a la sociedad en manos de la delincuencia (o de la percepción de inseguridad).

Y el mismo desprecio siento por quien se encierra en un hospital, llama por celular, da órdenes y luego dice que estuvo secuestrado. Por quien no es capaz de ser firme sin ser autoritario. Por quien prefiere dar una demostración de fuerza en vez de una cátedra de inteligencia y buen sentido.

Un amigo muy querido me dijo en una discusión sobre política que la personalidad del Presidente era lo menos importante en el debate sobre la realidad actual de la nación. Le di toda la razón en su momento. Había que discutir ideas y no personas. Pero el 30 de septiembre le quitó la razón. La personalidad autoritaria, irascible, energúmena, visceral y megalómana de Correa fue tan responsable de lo sucedido como la estupidez policial.

No recuerdo la hora, talvez alguien tenga la anécdota del tiempo muy clara. Yo solo sé que cerca de las 9 de la noche, con el televisor encendido, un periodista informaba del arribo al Hospital de la Policía de un piquete de militares que iniciaba un operativo de rescate del reo voluntario. Nos llenamos de terror. El sueño inocente de nuestra hija contrastaba con el ensordecedor ruido de armas. Disparos, más disparos, explosiones, destellos. Más disparos, ráfagas. Mi esposa y yo solo atinamos a convertirnos en escudo de nuestra hija.

Exageramos, tal vez. Solo no le deseo a nadie ver el lugar por el que transita a diario convertido en un campo de batalla. Al paso elevado de vidrio hecho en un muestrario de proyectiles. A la calle por la que pasea a su perro con olor a pólvora y gas lacrimógeno. Al sitio por el que gira en U con flores de muerte.

Ver a ministros llamando a defender al Presidente, incitando a la violencia, da asco. Ver a los canales de televisión transmitiendo una cadena de un canal que se dice público, pero es gubernamental, da asco. Ver a gente gritando que van a dar su vida por su líder, da pena. Ver a un ser humano cayendo por un parterre para luego morir, por nada que valga la pena, da dolor. Ver a un país que no despega, da rabia. Ver a un tipo que se para en un balcón de un palacio a festejar como triunfo frente a una multidtud lo que podía evitarse, no se que da. Ver la idolatría ciega que algunos profesan a un político, da chiste. Nadie niega que ese político se ha empleado por mejorar la condición de muchos. Pero no es obligación hacerlo con odio, echando mano del resentimiento social. No es necesario hacerlo descalificando, insultado, minimizando y vejando a quien no piensa como él. No es necesario ser Mesías (como dice mi mismo amigo que le quitaba importacia a la personalidad del tipo). No era necesario salir en operativo. No era necesario disparar. No era necesario que Froilán Jiménez y los otros murieran. No es necesario estar ciegos e hipnotizados para cambiar este país.

Lo peor es lo que viene (dirán “qué negativo es este man”). Lo peor es lo que viene porqe viene más de lo mismo. No se oye por ningún lado el mea culpa. Solo justificaciones de la necesidad de la lista de innecesarios del párrafo anterior. Así que, si ya colmaron su paciencia vayan al mercado a por más. La vamos a necesitar.

Un ejemplo de echaopalante

Publicado diciembre 10, 2009 por Juan Diego Rey
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http://www.eltiempo.com/colombia/cundinamarca/un-zipaquireno-de-77-anos-produce-1500-hectareas-de-papa-al-ano_6773947-1?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter

Alquilar un auto

Publicado diciembre 2, 2009 por Juan Diego Rey
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Hay nombres que reemplazan al pasaporte, porque al oírlos inmediatamente uno sabe de dónde es el que lo lleva. John Jairo Pastrana no tiene que abrir la boca para que se sepa que es colombiano, ni Rodrigo Tapia tiene que articular la singular pronunciación de “contrariado por el cuatro por tré de Colo Colo” para saber que es “txileno”. (Este es un préstamo de mi amigo Freddy, que se pasa con la imitación. Por cierto, visítenlo, vale la pena www.rompecabezas.ec ) . No creo que mi nombre sea así de delator. Me llamo Juan Diego Rey(es), un nombre común, por el que estoy agradecido a mis padres. Pero en fin, este Juan Diego que no parece decir nada sobre mis orígenes, le dijo mucho a un dueño de agencia de alquiler de autos.
Ahí va la anécdota. De una empinada calle del centro de Quito bajó un Toyota Land Cruiser y estrelló su insignia de la empresa de agua potable de Quito en el frente del pequeño Renault Clio de mi esposa. Ella, indignada, bajó a reclamar, pero encontró la nada en el asiento del chófer. Básicamente era una tecnología desconocida, un auto oficial no tripulado que decidió divertirse como los guaguas, sardinos, que bajan en un pedazo de cartón o madera sobre los prados en pendiente. Aprovechó el intrépido 4×4 que su amo humano olvidó accionar el freno de estacionamiento y en ese yuuuuujuuuu se encontró el auto de la Negrita.
La ejemplar eficiencia de las compañías de seguros nos dejó sin auto unas semanas. Necesitábamos movilizarnos y decidimos alquilar un auto. Es fácil. Llamas, te llevan el bicho a la casa, pagas y todo bien… Excepto si te toca un perspicaz dueño que, sin acento delator ni otra pista que lo guíe, decide que tienes que ir por la agencia, para verificar tus tarjetas de crédito, y por poco, tu pasado judicial.
Se me acerca el caballero y me dice: “disculpa Juan Diego, normalmente entregamos los autos a domicilio pero te pedí que vinieras para verificar tus datos, porque TIENES NOMBRE COLOMBIANO…” Tras llevarse mi tarjeta de crédito para interrogarla sobre mis antecedentes financieros y penales, me alquiló el Fiat Palio. ¿Experiencias similares? Seguro hay miles. En siguientes entradas les contaré la gymkana de papeleos que tienen que hacer algunos colombianos para alquilar viviendas. Colaboraciones bienvenidas.

El nombre de este blog

Publicado diciembre 2, 2009 por Juan Diego Rey
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Bomba en “barrio de colombianos”

Publicado noviembre 18, 2009 por Juan Diego Rey
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El 17 de noviembre, a las 4h30, detonó una bomba en un “barrio de colombianos” en la ciudad de Ibarra. La nota  en la que me enteré del suceso está en www.elcomercio.com y me pregunto todavía con qué criterio se redactó la nota. “Barrio de colombianos” no me recuerda a nada más que al apartheid. Luego, supongo que para evitar la repetición de la palabra “colombiano”, se usan términos como “…según este foráneo…”, …”todos los extranjeros, de este conjunto de casas separadas y antiguas…”. En fin, juzgeuen ustedes la nota y su particular estilo…

Ahora lo importante: el crecimiento de la xenofobia en Ecuador. El blanco, ciudadanos de los dos países vecinos, que suman más de un millón de habitantes en un país de trece millones. Gente trabajadora que arrastra una mala fama, pero que en su mayoría, trabaja duro para sostenerse, crecer materialmente y obtrener el tan mentado éxito, como todos los migrantes del mundo.

Muchos de los “foráneos” que vienen desde Colombia tienen calidad de refugiados. Es decir, han huido con lo puesto para salvar la vida en un contexto de violencia generalizada, de amenazas de la variopinta fauna armada que campea, ahora con menos libertad y cinismo, en la vecina república. Llama la atención la contradicción a la que se somete una sociedad como la ecuatoriana, con más de 3 millones de connacionales rasguñándole unos euros o dólares a la crisis en Italia, España o Estados Unidos. Nada raro ver cómo nos echamos a morir cuando uno de los nuestros es víctima de la violencia irracional del racismo y de la xenofobia. Nada raro ver cómo algunos justifican los ataques a los migrantes que también vienen a raspar unos dólares en esta econoomía empobrecida, pero que algo de paz ofrece a quienes huyen de “cosas peores”.

Ahora cuenten ustedes.. ¿Cómo se sienten cuando están fuera de la comodidad de su patria? Ser extranjero nunca es fácil. ¿O sí?

Mi abuelo

Publicado septiembre 3, 2009 por Juan Diego Rey
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Mi abuelo, ecuatoriano, viajó a Colombia a jugar fútbol. Sí, como lo leen. Esto fue posible en la década de los 50, cuando  las esmeraldas salían del vientre de la tierra a chorros verdes y enriquecían al país (a unos pocos, como siempre), en la época en que Di Stefano, la saeta rubia, fue a prestar servicios por una bicoca al Millonarios de Bogotá, antes de saltar el charco y ser merengue. Como era de esperar, mi abuelo no fue a un club grande y cuando la ilusión de la pelota llegó a su fin, él y un puñado de ecuatorianos más se dedicaron a la joyería… Esos tres puntos duraron 20 años.

Luego vino la violencia urbana. En los años 70, la crisis económica y los asesinatos asociados al mercado negro de esmeraldas golpearon a ese puñado de ecuatorianos, que ya habían formado familias con mujeres colombianas, y los obligó a volver al Ecuador, aún isla de paz, poco urbanizado, de carreteras empedradas, a probar suerte, una vez más.

Estas familias, característicamente largas en aquellos años, formaron una pequeña colonia. Cuando la gente sale de su lugar habitual, genera redes y lazos muy estrechos, de protección y ayuda, de solidaridad y de nostalgia de la patria. Aunque no haya vínculos de sangre, se forman clanes de <<primos>> y <<tíos>> ficticios, pero es lo que hay, cuando los primos y tíos verdaderos quedan lejos. Recuerdo al <<tío Ñato>>, tío de todos y de pocos a la vez. Hoy hay Facebook, chat, Twitter, e-mail, servicio de teléfono a pocos céntimos el minuto y los primos lejanos están cerca, y con los <<updates>> uno va siguiendo sus vidas en tiempo real. En aquellos años, en nuestros países (por más pionera que haya sido Colombia en el correo aéreo en América) tomaba cientos de días saber de los que uno dejaba atrás y el correo… bueno, imagínense. Por lo menos a mí, que reviso si tengo mensajes cada 3 minutos en promedio, me parece una era geológica…

Los hijos y las hijas, niños, niñas  y adolescentes de estos pioneros del retorno, colombianos de nacimiento, ecuatorianos de crecimiento, fueron a la escuela, crecieron, se casaron… Muchos se quedaron en Ecuador para siempre (muchos queriendo volver siempre), pocos retornaron a Colombia. Yo soy hijo de uno de los que se quedó queriendo volver. Hasta hace poco, porque ya se amañó en Ecuador, ya hasta vota en las elecciones y se cabrea con el gobierno. Cuando va a Colombia, su acento ecuatoriano es motivo de comentarios entre sus primos y tíos. En Ecuador, nunca faltan las preguntas de <<¿disculpe, usted de dónde es?>>

Bienvenidos

Publicado septiembre 2, 2009 por Juan Diego Rey
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Primera entrada
¡Hola, qué hubo! (kiubo)
Este blog pretende convertirse en un espacio de encuentro y discusión de los colombianos en el extranjero, principalmente en Ecuador. También de aquellos como yo, que por esas buenas coincidencias del destino, tenemos la dicha de ser binacionales, de compartir la cultura y la riqueza de ambos lados del Rumichaca, el San Miguel y el Mataje.
¿Por qué «echaopalante»?
Primero, porque los nombres de los blogs no admiten signos ortográficos y, en nuestro caso, ese hecho nos beneficia: se imaginan encontrar en el diccionario de la Real Academia Española la entrada «echa’o p’adelante» o «echado para adelante»… casi imposible, pero para todo colombiano «echaopalante» significa «echaopalante», sin ninguna duda.
Segundo porque, como saben, es el título de una pegajosa canción del maestro Joe, uno de los tantos que ha universalizado Colombia.
Finalmente, porque esa palabra define el carácter del colombiano en general y del colombiano migrante en particular: trabajador, visionario, emprendedor, valiente, «berraco»…
Para despedirme de esta primera entrada y dejarte «picado» (este es el ecuatorianismo del día), quiero anticiparte los temas que aquí trataremos, en espera de tus comentarios, tu crítica directa y tu apoyo a esta iniciativa. Ah, los temas…
- Historias de colombianos que han alcanzado el éxito en Ecuador, gracias a su esfuerzo.
- Guía turística de las bellezas naturales y culturales de Colombia, para que nuestros hijos y el mundo sepan más de la amada patria lejana.
- Algo de coyuntura, siempre necesaria.
- Las recetas esenciales de la gastronomía de las diferentes regiones de Colombia.
- Otras que, atendiendo sus sugerencias y aportes, estaremos gustosos de publicar.

¡Salud, entonces! Esperamos que este blog llegue a ser lo propuesto. Seguro que sí, porque les prometemos trabajo, investigación, diversión, opinión y un punto de encuentro. Créannos, ¡somos echaospalante!


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